miércoles, 26 de abril de 2017


El jardín como contemplación

Nuestro jardín nos puede enseñar a bajar revoluciones.  Generalmente pasamos el día haciendo una y mil cosas pero no siendo.  Aprendimos a que para sentirnos útiles siempre tenemos que estar ocupados.  Sólo puedo hablar de mi experiencia y esa es la que puedo compartir...

En el jardín nos reconectamos con nosotros mismos de manera más profunda. En mi jardín tengo una banquita para sentarme.    Es un espacio que le llamo mi jardín secreto.  Empecé por obligarme a sentarme sin hacer nada por un tiempo.   Fue para una Semana Santa que decidí quedarme en casa y gozarme de la quietud.    Por supuesto, que tenía todo el tiempo del mundo, pero me obligué a no llenar los espacios haciendo mil cosas, como ordenar, ver tele, leer... Nos sentimos muy vulnerables si estamos solos con nosotros mismos.  Nos cuesta entrar en ese silencio que sólo nos lo da el estar con nuestra alma.  

 Lo primero que hacía era conectarme con mi respiración.  Respiré profundamente varias veces y me conecté con los sonidos que escuchaba.   Al principio de la semana había mucho ruido de los carros, pero conforme bajé revoluciones, empecé a escuchar otros sonidos.  Me di cuenta de la cantidad de pájaros que hay, me conecté con el sonido de las hojas con el aire, de los grillos...  Observé el movimiento de mis plantas con el viento.    Cuando venía un ventarrón, observé cómo los árboles se mecen pero se quedan bien plantados en el suelo.  Lo mismo que nosotros, cuando se nos mueve el piso con situaciones difíciles en nuestra vida, nos podemos mecer pero no nos caemos.  Y si nos caemos, observamos qué teníamos que aprender para volver a levantarlos.  Los días pasaron y mi mente se empezó a aclarar... Hasta que pude estar presente.  Lo que noté es que llenamos el espacio con hacer para no sentir y afrontar situaciones que no queremos ver.

Es una práctica que  uso constantemente.  Si he tenido un día en que me siento sin energía, me voy a mi jardín y suelto mis pensamientos. Lo que realmente soltamos es energía que nos drena.    Lo que me he dado cuenta, es que entro en lo que llamo la magia de mi jardín, a un espacio de no tiempo.  A estar presente totalmente.  Sólo cuando estoy en ese espacio puedo observar cosas pequeñas que llenan mi día.  Un colibrí sentado en una rama, una mariposa... Sólo eso es suficiente para agradecer cuando llega la noche.  Todas las noches, agradezco por 3 cosas diferentes cada día.  Puede ser algo tan sencillo como la flor que le salió a mi azalea, un cielo azul, lluvia...  Solo con ver una flor detenidamente o una mariposa, nos lleva totalmente al presente.  Al igual que mirarle a los ojos a
 nuestros animalitos.  La vida se nos vuelve más simple y siento que en la simpleza, es donde pasan los milagros...

Cuando estoy enganchada con situaciones en mi día o situaciones que tengo que manejar, respiro profundo varias veces y me conecto con mi corazón.  Uso mucho lo que he visto en mis contemplaciones de mi jardín, como ese colibrí que me llega a visitar, las flores o sólo la sensación de tranquilidad para sentir agradecimiento en mi corazón.  Es una herramienta que uso mucho antes de meditar para entrar más profundo. Desde ese punto puedo conectarme más fácilmente con mi alma y entrar en agradecimiento.  A través del agradecimiento entramos a la puerta de nuestra alma que es el amor.  El amor tiene la vibración  más alta y si estamos vibrando en amor, podemos sentir paz...