miércoles, 13 de mayo de 2020

Entrando a mi jardín...

En estas ultimas semanas de cuarentena,  he tenido la suerte de estar en casa. Protegidos, agradecidos y compartiendo.  He tenido tiempo de conectarme mas profundamente con mi alma y sentir el alma del planeta, de todos los seres que la habitan, de su luz.  En mi jardín, he podido, mucho más profundamente, sentir que tenemos un lugar donde podemos aprender tanto de esta época que estamos viviendo.  La sensación que se nos vino a muchos y sigue latente es incertidumbre...un soltar totalmente de cualquier expectativa y de soltar la manera de cómo vivíamos antes.  Estábamos acostumbrados a sentir cierta certeza y eso, para muchas personas, ha cambiado radicalmente.  En realidad siempre el futuro es impredecible, pero ahora es latente... Lo que me he percatado más y más es que tenemos una página en blanco donde podemos crear algo nuevo.   Dónde ponemos nuestra atención es importantísimo.  En  lugar de tener miedo, confiar.  En lugar de ver el vaso vació, verlo lleno.  Poder tener la habilidad de ver qué regalo nos está trayendo esta época.

 Teniendo mas tiempo para estar en mi casa, me empecé a adentrar a mi jardín...no he tenido ayuda con él  desde que empezamos la cuarentena.  Empecé a hacer un horario para atender a todas mis plantas, a organizarme para poder abonarlas y regarlas.  Ha sido un regalo muy grande el verlas como han respondido a ese tiempo que les he dedicado.  Y las siento tan contentas...  Me he dado espacios en donde solo observo mi jardín y me centro en estar presente.

Estas últimas semanas, he estado experimentando con observar mi jardín.  Hace unos días empecé a conectarme con una planta por vez.  La planta que me llamaba más la atención ese día.  La primera fue una mi Duranta amarilla.  Es un arbusto con hojas amarillas precioso.  Es el único que tengo en el jardín.  Cerré los ojos, me conecté con mi corazón y sentí la planta.  Le mandé un cordón rosado.  Le pedí que me comunicara  qué podía aprender de ella.  Lo que sentí que me dijo me encantó, me dio la sensación de sentir joy, alegría.  Su color amarillo vibrante en medio de tanto verde  más obscuro, me recordó a sentir alegría por las pequeñas cosas.  Se siente tan contenta de estar donde está y le encanta estar con la energía de las demás plantas en el jardín.

Ayer me conecté con una de mis Japanese Maple.  Es un arbolito pequeño con unas hojas parecidas a las del Liquidámbar.  Botaron sus hojas y ya se llenaron de hojas de verde tierno.  Tengo varios de estos arbolitos.  Conecté mi energía con la del arbusto.  Inmediatamente sentí calor en mi corazón, una sensación de calidez, como cuando uno saluda a un amigo querido que no ha visto.  Sentí claramente cómo podemos ser todos de una misma familia pero cada quién tan diferente.  Luego mi atención se expandió a todo mi jardín y luego al barranco que tengo atrás de la casa.  La sensación que tuve es de que todos somos diferentes, todos tenemos cualidades y aportamos a lo que hacemos.  Nadie es igual a nosotros, pero por esa razón, nos podemos compaginar y aportar los unos a los otros.

Conectarse con la naturaleza, con una planta, con una piedra, con la lluvia, la luna....es sólo cambiar la percepción de cómo vemos la realidad.  Qué creencias tenemos que pueden estar metidas en cuatro paredes o expansivas.  Es sólo abrir el corazón y poner la intención sin ninguna agenda.  Ayuda conectarse con la respiración y solo percibir con el corazón, nunca miente...

Que en esta época podamos ver nuestras diferencias como un regalo, que nos podamos acompañar y que nos sintamos unidos, aunque estemos a distancia.   Es época de cambiar de la separación a la unión.